Mi mundo es un mundo pequeño,
tan pequeño que cabe en un vaso de agua,
en el que a veces es hasta posible ahogarse.
Encerrado entre cuatro paredes,
qué dificil es encontrar la salida,
si no dejo rendijas abiertas que muestren la luz exterior,
a unos ojos que no pueden ver,
mas allá de su sesgo engañoso.
Sí mi mundo es pequeño,
pequeño será mi futuro
como el espacio vital que posea,
también pequeño.
No debería consentir el agobio
que apisona mi mente,
aplanando las pocas ideas
que puedan surgir de mi inconsciente.
Tengo que abrirme paso
en el valle de sombras por el que camino,
subir a lo alto y divisar otras cosas que yo nunca domino.
Al fin y al cabo, tengo creido,
la vida es sensación y sentido
por ahora malgastada y sin tino.
Huyo sin saber qué hacer,
sin recurrir tan siquiera
a la fe que en tiempo atrás tuviera,
cuando en adversidad sonriera.
Quiero vivir y puedo
dejarme morir poco a poco y por ello no quiero,
abandonarme en mi lúgubre celda interior,
ganado por la oscuridad y por el desamor
Por todo, voy a seguir rebuscando en mi
para cegarme de sol y contento
continuar saboreando la miel de una luz provechosa
que ilumine el portento
de la vida mas feliz y dichosa.
miércoles, 27 de abril de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
SONRISAS
Payaso,
siempre fui payaso,
me creí payaso,
sin ejercer en otro escenario que no fuera la irrealidad,
distinta en cada caso.
Me gusta hacer reir,
mucho mas que hacer llorar,
aunque empeñe en ello toda mi credibilidad.
Ni todos me entienden
ni tampoco pretendo que lo hagan,
me basta con que, quienes me miren,
evalúen los efectos de la risa y la aplaudan.
La acomplejante seriedad
te sumerge en gravedad,
propone solo cordura para aplacar la insensatez
que evade a tu corazón
de la triste realidad de tantísima sinrazón.
El payaso esconde lo deleznable,
la zafiedad humana,
aunque es fiel a la esperanza de que alguna vez sea mas sana.
Ríase conmigo,
amigo,
disfrute de la ocasión.
entienda que mas vale reir gozoso
que sembrar de desesperación
el mundo de hoy, tan poco venturoso,
siempre fui payaso,
me creí payaso,
sin ejercer en otro escenario que no fuera la irrealidad,
distinta en cada caso.
Me gusta hacer reir,
mucho mas que hacer llorar,
aunque empeñe en ello toda mi credibilidad.
Ni todos me entienden
ni tampoco pretendo que lo hagan,
me basta con que, quienes me miren,
evalúen los efectos de la risa y la aplaudan.
La acomplejante seriedad
te sumerge en gravedad,
propone solo cordura para aplacar la insensatez
que evade a tu corazón
de la triste realidad de tantísima sinrazón.
El payaso esconde lo deleznable,
la zafiedad humana,
aunque es fiel a la esperanza de que alguna vez sea mas sana.
Ríase conmigo,
amigo,
disfrute de la ocasión.
entienda que mas vale reir gozoso
que sembrar de desesperación
el mundo de hoy, tan poco venturoso,
martes, 12 de abril de 2011
Cosas menudas, menudas cosas
Pequeñas son las cosas
pequeño su valor
pero, cuanto mas pequeñas son,
mas ensanchan tu corazón.
La sonrisa de tu nieto,
la bondad de su expresión,
la sencillez de su gesto,
la mirada y su exploración.
El olor de un pan reciente,
el de las mañanas frescas en la primavera incipiente,
cuando los frutos brotan en cualquier lugar,
sin que nadie apenas lo detecte.
Una niña y su juguete,
su madre, con la mochila a cuestas,
conversando de modo inteligente
con una personita inadecuadamente prepotente.
Un jardinero de su labor pendiente,
otro operario feliz baldeando las calles de gente ausente,
mi perro tirando de mi, con fuerza descomunal,
para llevarme hasta allí donde quiere el animal,
sin que oponga mi bondad nada inconsecuente.
Me dejo llevar y observo
una cosa aquí, otra cosa allá
y me detengo,
porque correr
no ayuda, a mi parecer,
a entablar conversación con la vida,
que no debe nunca de soslayar
las cosas menudas con las que hablar
cada dia
de tu a tu y sin ninguna gallardia
pequeño su valor
pero, cuanto mas pequeñas son,
mas ensanchan tu corazón.
La sonrisa de tu nieto,
la bondad de su expresión,
la sencillez de su gesto,
la mirada y su exploración.
El olor de un pan reciente,
el de las mañanas frescas en la primavera incipiente,
cuando los frutos brotan en cualquier lugar,
sin que nadie apenas lo detecte.
Una niña y su juguete,
su madre, con la mochila a cuestas,
conversando de modo inteligente
con una personita inadecuadamente prepotente.
Un jardinero de su labor pendiente,
otro operario feliz baldeando las calles de gente ausente,
mi perro tirando de mi, con fuerza descomunal,
para llevarme hasta allí donde quiere el animal,
sin que oponga mi bondad nada inconsecuente.
Me dejo llevar y observo
una cosa aquí, otra cosa allá
y me detengo,
porque correr
no ayuda, a mi parecer,
a entablar conversación con la vida,
que no debe nunca de soslayar
las cosas menudas con las que hablar
cada dia
de tu a tu y sin ninguna gallardia
lunes, 28 de marzo de 2011
Anónimos
Se cruzan cada día en tu camino,
altos y esqueléticos,
bajitos y rechonchos,
de camino a la oficina.
De buena mañana
aferrados a la barra del metro,
o esperando pacientes al bus
que se eterniza en la parada.
Los miras y te miran,
entre resignados y acobardados,
temiendo lo peor en el sinfín de la vida incierta.
Sientes que, como a tí,
las noticias del desayuno,
nos han intoxicado hasta el paroxismo,
y que quedan pocos remedios
para seguir subsistiendo.
Que la gasolina sube,
pues nos dejamos el coche en casa,
que la hipoteca aprieta,
pues nos recluimos, sin pataletas,
asumiendo que fuimos ingénuos,
creyéndonos amos de una propiedad impuesta,
la que nos acabará encerrando, tras una puerta.
A cambio claudicarán tus sueños,
rendirás pleitesía hasta en los infiernos,
verás cómo lo tuyo no vale nada,
si no trasciendes de lo anónimo a lo ilustre, a lo sempiterno.
Sigámos viéndonos, cada mañana,
comulguemos todos los días con una sonrisa sana,
y lejos de confesiones banas,
sumémonos al mejor criterio
de romper las cadenas del cautiverio
al que nos sometió un día la banca y su vituperio.
altos y esqueléticos,
bajitos y rechonchos,
de camino a la oficina.
De buena mañana
aferrados a la barra del metro,
o esperando pacientes al bus
que se eterniza en la parada.
Los miras y te miran,
entre resignados y acobardados,
temiendo lo peor en el sinfín de la vida incierta.
Sientes que, como a tí,
las noticias del desayuno,
nos han intoxicado hasta el paroxismo,
y que quedan pocos remedios
para seguir subsistiendo.
Que la gasolina sube,
pues nos dejamos el coche en casa,
que la hipoteca aprieta,
pues nos recluimos, sin pataletas,
asumiendo que fuimos ingénuos,
creyéndonos amos de una propiedad impuesta,
la que nos acabará encerrando, tras una puerta.
A cambio claudicarán tus sueños,
rendirás pleitesía hasta en los infiernos,
verás cómo lo tuyo no vale nada,
si no trasciendes de lo anónimo a lo ilustre, a lo sempiterno.
Sigámos viéndonos, cada mañana,
comulguemos todos los días con una sonrisa sana,
y lejos de confesiones banas,
sumémonos al mejor criterio
de romper las cadenas del cautiverio
al que nos sometió un día la banca y su vituperio.
sábado, 26 de marzo de 2011
Angelines
Nada me molesta mas que una visita inesperada
mas aún si es impertinente,
si llega en el momento mas inoportuno e infrecuente,
cuando todavía no has terminado de hacer la colada.
Si la esperas y piensas que no va a resultar grata,
puedes esconderte detrás de la mirilla,
hacer oidos sordos y soportar impertérrito la campanilla,
hasta que se canse de dar la lata.
La de ayer además de impertinente e inoportuna,
venía con la mayor de las fijezas.
Sabía que estábamos dentro,
y no quiso esperar por un momento,
a que recogiéramos todo lo que andaba revuelto.
No nos dio tiempo a poner en orden,
lo que dejamos siempre para el mañana,
las muestras de cariño, las alabanzas, todo sin desgana,
procurándonos una vida mas sana,
que renueve la esperanza en nuestro humano dolmen,
tan impenetrable y granítico a veces,
que hace imposible ablandar los flejes
que mantienen los latidos mas constantes.
Y su corazón no quiso latir mas,
cansado de tanta fatiga,
asintió a marcharse sin hacer ningún ruido,
de la mano de aquella visita impaciente,
hacia un lugar similar a aquél por el que vino...
Hace ya mas de ochenta años...
con la ilusión que, en nuestro primer dia,
traemos los seres vivos.
Te llevas los gestos, tu lengua entretenida,
los ojillos vivarachos y la razón mas comprensiva.
Nos dejas tus virtudes sembradas en tus hijos,
el cariño que mostrarte por los tuyos
y unas tan dulces rosquillas
que desde ahora tendrán, para mí,
el sabor amargo de un recuerdo que aún me maravilla.
mas aún si es impertinente,
si llega en el momento mas inoportuno e infrecuente,
cuando todavía no has terminado de hacer la colada.
Si la esperas y piensas que no va a resultar grata,
puedes esconderte detrás de la mirilla,
hacer oidos sordos y soportar impertérrito la campanilla,
hasta que se canse de dar la lata.
La de ayer además de impertinente e inoportuna,
venía con la mayor de las fijezas.
Sabía que estábamos dentro,
y no quiso esperar por un momento,
a que recogiéramos todo lo que andaba revuelto.
No nos dio tiempo a poner en orden,
lo que dejamos siempre para el mañana,
las muestras de cariño, las alabanzas, todo sin desgana,
procurándonos una vida mas sana,
que renueve la esperanza en nuestro humano dolmen,
tan impenetrable y granítico a veces,
que hace imposible ablandar los flejes
que mantienen los latidos mas constantes.
Y su corazón no quiso latir mas,
cansado de tanta fatiga,
asintió a marcharse sin hacer ningún ruido,
de la mano de aquella visita impaciente,
hacia un lugar similar a aquél por el que vino...
Hace ya mas de ochenta años...
con la ilusión que, en nuestro primer dia,
traemos los seres vivos.
Te llevas los gestos, tu lengua entretenida,
los ojillos vivarachos y la razón mas comprensiva.
Nos dejas tus virtudes sembradas en tus hijos,
el cariño que mostrarte por los tuyos
y unas tan dulces rosquillas
que desde ahora tendrán, para mí,
el sabor amargo de un recuerdo que aún me maravilla.
jueves, 24 de marzo de 2011
Sueños
Todavía me mueve el influjo de los sueños
por eso, solo por eso, me pongo ahora a escribirlo,
no vaya a ser que la aplastante inercia de las horas transcurridas
diluyan de una vez y para siempre, todo su encanto.
Como tantas veces,
casi por absoluta mayoría,
me erigia en protagonista.
El recuerdo comienza a solidificarse
en medio de una marabunta, no de hormigas, sino de hombres.
Personas sin rostro, aunque fundamentalmente jovenes,
vivos atletas, inquietos, gentes como dispuestas a todo,
calladas, vestidas de manera informar, situadas en filas enormes.
Todas incian la marcha en un momento dado,
y yo entre ellas, participando, con gente a mi lado.
Noto una presión constante, sin padecerla realmente,
me empujan, sin empujarme,
avanzando sin detenerme,
empiezo a recorrer paisajes raros que me sorprenden.
Jamás vi cosa igual,
son de una belleza imponente.
Verdes provocadores,
vistas en perspectiva aérea de filas inacabadas
de seres que no paran de andar felices,
entre los que me encuentro satisfecho.
Por sendas muy perfiladas incluso,
con el riesgo de acabar deshecho,
voy de puntillas saltando
y a todos lados mirando,
para no perder de vista el entorno,
tan bello, con profusión de piorno.
Así, hasta llegar a una ciudad sorprendida
sumida en una luz sepia, como adormecida,
donde sus habitantes se esconden ante tal crecida,
de gentes que continúan marchando,
ajenas a cualquier movida.
Soportales en una plaza vieja,
utensilios variados que desfilan ante mi vista
y que significan tan solo trastos,
en disposición de revista.
Ahora, ya despierto,
navego y barrunto entre tal desconcierto,
si mis acompañantes significan algo,
si el mensaje cifrado del sueño,
acabará aportando a su dueño,
algo más de lo que refleja el simple discurrir del ensueño.
Puestos a fantasear,
me siento feliz acompañando a la gente,
me gusta mucho viajar disfrutando del paisaje imponente,
disipando las dudas de si sabré acomodarme algún día al sillón
o si, por el contrario,
continuaré vagando siempre, como un mortal impenitente.
por eso, solo por eso, me pongo ahora a escribirlo,
no vaya a ser que la aplastante inercia de las horas transcurridas
diluyan de una vez y para siempre, todo su encanto.
Como tantas veces,
casi por absoluta mayoría,
me erigia en protagonista.
El recuerdo comienza a solidificarse
en medio de una marabunta, no de hormigas, sino de hombres.
Personas sin rostro, aunque fundamentalmente jovenes,
vivos atletas, inquietos, gentes como dispuestas a todo,
calladas, vestidas de manera informar, situadas en filas enormes.
Todas incian la marcha en un momento dado,
y yo entre ellas, participando, con gente a mi lado.
Noto una presión constante, sin padecerla realmente,
me empujan, sin empujarme,
avanzando sin detenerme,
empiezo a recorrer paisajes raros que me sorprenden.
Jamás vi cosa igual,
son de una belleza imponente.
Verdes provocadores,
vistas en perspectiva aérea de filas inacabadas
de seres que no paran de andar felices,
entre los que me encuentro satisfecho.
Por sendas muy perfiladas incluso,
con el riesgo de acabar deshecho,
voy de puntillas saltando
y a todos lados mirando,
para no perder de vista el entorno,
tan bello, con profusión de piorno.
Así, hasta llegar a una ciudad sorprendida
sumida en una luz sepia, como adormecida,
donde sus habitantes se esconden ante tal crecida,
de gentes que continúan marchando,
ajenas a cualquier movida.
Soportales en una plaza vieja,
utensilios variados que desfilan ante mi vista
y que significan tan solo trastos,
en disposición de revista.
Ahora, ya despierto,
navego y barrunto entre tal desconcierto,
si mis acompañantes significan algo,
si el mensaje cifrado del sueño,
acabará aportando a su dueño,
algo más de lo que refleja el simple discurrir del ensueño.
Puestos a fantasear,
me siento feliz acompañando a la gente,
me gusta mucho viajar disfrutando del paisaje imponente,
disipando las dudas de si sabré acomodarme algún día al sillón
o si, por el contrario,
continuaré vagando siempre, como un mortal impenitente.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Carpe Diem
Algunos vocablos latinos cobran actualidad,
Se diría que todo ha sido ya inventado,
cuando se necesitan recursos estéticos
para diseñar sugestivas fórmulas.
Aprovecha el momento,
no dejes para mañana lo que hoy te seduce,
equivale a escuchar al malvado Satán
proponiéndote desoir a la virtuosa Prudencia.
Cuando Roma alcanzó su plenitud,
Horacio regaló este término a los romanos,
con el que relegar la autoimpuesta esclavitud
disfrutando intensamente de los dones humanos.
En momentos de desesperación, cuando no se ve futuro,
hay que hallar el subterfugio que motive a tu ego,
Os lo agradecerá, seguro.
¿Para qué seguir en la brega?
¿Para qué aplazar el goce de la desencajada impaciencia,
que se colma cuando el disfrute llega?
Jóvenes, como zombis desnortados, abusando de sucedáneos.
Enganchados a simples fulgores de corto recorrido.
No olvideis nunca que a la vida hay que darle todo el sentido,
Si además de disfrutar de ella
ganais valores para encontrar estímulos,
continuar viviéndola,
intensamente y cada día.
Antes de que el muermo nos hunda
y acabemos todos, vagando perdidos,
por sendas que solo conducen a la sima mas profunda
Se diría que todo ha sido ya inventado,
cuando se necesitan recursos estéticos
para diseñar sugestivas fórmulas.
Aprovecha el momento,
no dejes para mañana lo que hoy te seduce,
equivale a escuchar al malvado Satán
proponiéndote desoir a la virtuosa Prudencia.
Cuando Roma alcanzó su plenitud,
Horacio regaló este término a los romanos,
con el que relegar la autoimpuesta esclavitud
disfrutando intensamente de los dones humanos.
En momentos de desesperación, cuando no se ve futuro,
hay que hallar el subterfugio que motive a tu ego,
Os lo agradecerá, seguro.
¿Para qué seguir en la brega?
¿Para qué aplazar el goce de la desencajada impaciencia,
que se colma cuando el disfrute llega?
Jóvenes, como zombis desnortados, abusando de sucedáneos.
Enganchados a simples fulgores de corto recorrido.
No olvideis nunca que a la vida hay que darle todo el sentido,
Si además de disfrutar de ella
ganais valores para encontrar estímulos,
continuar viviéndola,
intensamente y cada día.
Antes de que el muermo nos hunda
y acabemos todos, vagando perdidos,
por sendas que solo conducen a la sima mas profunda
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